Manifiesto 2025
O algo así
Para el final de la primavera, en Oslo amanece sobre las tres y media de la mañana, esto hace un efecto curioso porque sobre esa hora cierran la mayoría de las discotecas de la ciudad, con lo cuál te hace parecer que has trasnochado mucho más de lo real.
En nuestra última noche en Oslo, Quique, Héctor y yo volvíamos al hotel dando un paseo más lento y largo de lo necesario. Era el último día de la Union cup, el campeonato europeo de rugby LGTB ( si te estás imaginando tíos rudos y no tan rudos pegándose durante la mañana y bailando sin camiseta por la tarde, es exactamente así). Comentamos lo mejor de la noche y calculamos con cuántos hombres nos habíamos enrollado entre todos (cifra que no diré porque qué barbaridad). También admitimos que el mejor momento de las fiestas para besarse es a la mitad, porque lo suyo es acabar con tus amigas cantando las últimas canciones, porque las amigas son importantes, y porque las canciones lo son casi más.
Siempre he pensado que lo queer tiene algo de inalámbrico, de mente colmena, porque pasamos por las mismas experiencias sin tener contacto entre nosotros, y no me estoy refiriendo solo al bullying, también al imaginario cultural que creamos. Yo no sé que es crecer sin internet, pero si que el contenido que tu consumas no lo consuma nadie más en tu entorno. Artpop, Glee, Marina and the diamonds… tuve mi propio mundo hasta que encontré gente que había también creado el suyo por su cuenta. Y eran muy parecidos.
La primera vez que pensé esto fue en una cita de tinder. Estábamos charlando sobre el momento Applause Vs Roar de 2014 y pensé en cómo había pasado de normalizar no tener con quien hablar de esto a que sea una conversación de cafetería. En este torneo todo el mundo se sabía, al menos conceptualmente, el baile de Bad Romance, y gritaban el estribillo de Like a Prayer en el autobús como hooligans. Si el año anterior había flipado porque eso pudiese pasar, este he disfrutado porque he sentido que era mi lugar.
El pop ha sido uno de nuestros pilares culturales, causa y consecuencia de su denostación. Puede parecer que bailar e imaginar fantasías de diva es ingenuo, pero creo que las personas queer nos agarramos a lo fantástico y a lo utópico, y por un momento se hace realidad o nos lo creemos tanto que la realidad deja de ser una vara de medir. Y Esta no deja de ser una forma de resistencia.
Por esto creo que lo cultural puede ser muy importante, por eso creo que el tono despectivo con el que se habla de “la batalla cultural” y “lo woke” es realmente problemático, porque la cultura forma cómo somos en individual y en plural. Yo ya lo he dicho muchas veces, pero supe antes que me gustaba Lady Gaga que que me gustaban los chicos. No creo que los factores de clase no sean importantes y que si todos nos damos las manos no importan los colores y las banderas, pero si quitamos la cultura acabaremos de nuevo en el “ a mi me da igual lo que hagan en su cama” y eso es peligroso. Poco tiene que ver lo que hagan en su cama si quitamos el cómo (y el dónde) lo hagan.
Oslo fue una utopía, pero una utopía que fue real por una semana, lo que me hace pensar que podría serlo por más tiempo. Este año me postulo a favor del ghetto, o más bien, de la agenda: no quiero un mundo en el que jugar al rugby sin importar con quién te acuestes, quiero un mundo en el que pueda acostarme con cualquiera del otro equipo si nos apetece, y no pediré perdón por pensarlo.
La DJ cerró la fiesta con Dancing queen de ABBA y Pink Pony Club de Chappel Roan, quizás a los lectores de esta nudoletter les sorprenda, pero ahí fuera Chappel sigue siendo nicho, y nicho queer. A mí, escuchar esa canción en una sala de cuerpos sudados, bocas rechupeteadas y gogós con tacones de varios decimetros me empoderó y me emocionó, porque ese era mi pink pony club. El contexto nos hace y que bien que a mi me ha hecho más maricón que las flores. Y Quiero hacer indie-pop para maricones, en forma y letra.
Feliz orgullo a todos, créditos a Quique y a Héctor por hacerme pensar en esto de mañaneo en la ópera de Oslo, esa noche nos liamos los tres con el mismo francés con bigote.


