Manifiesto 2026
Mi estrategia política de ahora es que nadie entienda donde acaba mi polícula.
El día 30 de abril fuimos a ver Mi querida señorita en los cines Golem, es una película que, para tener los mejores ingredientes, se desarrolla muy mal en mi opinión. Yo ese día estaba triste no sé porque, así que ver una película en la que Guille no podía dejar de reírse en alto me sanó y me ayudó a vibrar alto, no estuvo tan mal. Una de las escenas finales aparecen la persona protagonista y sus amigos -un cura homosexual, una mujer embarazada, un Manu Ríos con Peluca y una kinki lesbiana de Pamplona- viendo a la gente caminar hacia el orgullo desde la calle Valverde (Porque en esta ciudad kilométrica siempre todo acaba en la calle Valverde). Cris suelta “Nosotros literal” y yo, al ver esa fila de amigas, amigas de amigas que cohabitan con otras amigas, Carlos y un chico que no había visto hasta ese día, asentí.
En el EP que estoy sacando (manifiesto sponsorizado, bueno como todo ahora en el orgullo) hablo mucho de la euforia con la que vivo ahora mi sexualidad, pero hacerme mayor también me ha encontrado con la otra cara: el choque con la estructura. Ya no es que ser marica esté normalizado y por tanto sepa que por ello no me voy a quedar solo y que no soy un bicho raro, es que la vida empieza a tomar caminos cada vez más estrechos, más pautados. Algunos decides no cogerlos, otros directamente no puedes, y así, bueno acabas estando algo solo y siendo algo raro.
Con esto he llegado a la conclusión de que estamos destinadas al esperpento, como lo estuvieron todas las vagas y malenates anteriores a nosotras, como lo está Samantha Hudson, las Tukus o el Tracatrá, y es muy importante que sepamos que este es nuestro origen y destino. De la misma forma que hay un engaño en pensar que estamos más cerca de heredar la empresa que de acabar en la calle, hay otro en pensar que estamos más cerca de María Pombo que de La Veneno, cuando, más allá de una diferencia de clase que también algo hace, solo es una forma de domesticación. La única forma de sobrevivir al circo en el que nos quieren convertir continuamente, ya sea en internet, en la oficina o las amigas de tus amigas, es pensar no solo que somos un circo, sino que somos las estrellas del show.
Desbloquear esto no te hace activista, pero si me he dado cuenta de que te hace menos destruible, menos manipulable por este discurso de lo que está bien y está mal hacer con tu vida, que gusta tanto ahora que el algoritmo está lleno de católicos y clubs de runners. Últimamente asisto a más entierros de la cuenta, lo que me hace ponerme un poco existencialista, y lo que me llevo como conclusión es que la vida como tal no puede ser menos amoral como para definir cuál es el camino correcto.
También he pensado que mi entierro será muy distinto a los que he visto últimamente, en parte quizá es una cuestión generacional, pero creo que sobre todo por los círculos sociales a los que tengo acceso y los que he conseguido en consecuencia. No me gusta el término de familias elegidas, creo que vuelve a colocar las relaciones en escala cuando lo que estamos haciendo es romperlas, pero este año he comprendido más que nunca su sentido, así que es cuestión de rebranding. A mí me gusta decir que mi estrategia política de ahora es que nadie entienda donde acaba mi polícula, que nadie sepa muy bien (a veces ni siquiera yo) en qué espacio afectivo están las personas de mi vida, espero que la idea cuaje.
No tengo muy claro quién de las personas sentadas en la línea 7 de los cines Golem de aquella noche será el cura, quién se acostará con Anna Castillo y quién tendrá un hijo, pero seguramente lo cuidaremos en comunidad. Durante los créditos finales, mientras sonaba la canción de Zahara, besé mucho a Carlos, al final las canciones de Zahara siempre me gustan. Feliz orgullo, la felicidad es parte de nuestra resistencia y en esta celebración más, así que no os olvidéis de combatir el fascismo, bailar en público y besaros con algunas amigas y muchísimos desconocidos.




